Consideraciones sobre la sexualidad femenina (Amelia Imbriano)
Consideraciones sobre
la sexualidad femenina (Imbriano)
El don femenino se
revela como “aquel” lugar que desde el no tener es capaz de constituir el ser.
En un comienzo podemos
hablar de una similitud entre niño y niña. En ese comienzo encontramos que ambos
(niños y niñas) rivalizan con el padre y que para ambos sólo existe un
único órgano sexual (el falo). En ese comienzo no hablamos de hombres y
mujeres sino más bien de quienes tienen y quienes no tienen falo.
El niño debe renunciar
al primer objeto de deseo (la madre), pero sólo para dirigir su deseo hacia
otra mujer. En la niña el caso es más complejo, ya que primero
renuncia a la madre pero entonces
orienta sus investiduras libidinales hacia el padre. Es decir que la niña debe
resolver en el curso de su desarrollo sexual dos problemas (lo que la
diferencia del niño). Esto se relaciona con el modo diferente que tienen
niños y niñas de salir del Edipo.
En un comienzo, ambos,
niños y niñas creen que todos y todo tiene falo. Entonces no hay primado
genital sino primado del falo.
La
niña, en un principio, cree haber encontrado el falo en la parte de su propio
cuerpo que mejor responde a la forma del falo, es decir en el clítoris.
En relación a los efectos del complejo
de castración en la niña, diremos que la niña no tiene que temer la pérdida del
pene, no tiene que temer la castración. Ella entra al complejo de Edipo
creyéndose castrada.
Ella va a envidiar al varon por su
falo, y se va a establecer en la mujer un sentimiento de inferioridad.
En un momento, la niña tratará de
explicar su falta de pene relacionándolo con un castigo personal sufrido
(castración). Aflojará entonces los vinculos tiernos con la madre, debido a que
la responsabiliza por su falta de falo. En un segundo momento, orientará sus
catexias entonces hacia el padre, esperando que este trueque su falta de pene
por un hijo. Es así como la castración fuerza a la niña al complejo de Edipo.
La mujer hace su entrada en el Edipo por medio de la angustia de castración.
La feminidad se
caracteriza psicológicamente por una tendencia hacia fines pasivos. La niña se muestra
menos agresiva y mas dependiente que el niño.
Tomando el caso Dora,
entonces, podemos pensar en tres inversiones dialécticas:
1º inversión
dialéctica:
Aquí Freud observa que la relación de amantes entre el padre de Dora y la
señora K fue en realidad bajo la propia complicidad de Dora; que si
bien el padre la ofrecía como objeto de intercambio, ella calló y aceptó
durante un tiempo por el mismo motivo (según Freud en un principio: porque a ella
le interesaba el señor K).
Y
por entonces la relación Edípica en Dora se revelaba constituida por una
identificación al padre
2º inversión
dialéctica:
Se relaciona con la observación de que los celos por el padre enmascaraban
en realidad a los celos que sentía por la señora K. Había una atracción de
parte de Dora hacia la misma señora K.
3º inversión
dialéctica:
Esta inversión sería la que nos daría el valor real del objeto que era la
señora K para Dora. Es decir que Dora veía más que un individuo en la señora
K; veía en ella un misterio, la posibilidad de descifrar el enigma de su propia
femineidad, de cómo ser el objeto de deseo.
Lacan dice que Freud debía haber orientado
a Dora, hacia el reconocimiento de lo que era verdaderamente para ella la
señora K (la más fuerte de las corrientes inconscientes de su vida anímica).
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